Crítica de Teatro “After the Rehearsal/Persona”: Cuando la actuación se convierte en cárcel

Crítica de Teatro

“After the Rehearsal/Persona”: Cuando la actuación se
 convierte en cárcel
Por Jorge Letelier

“After the rehearsal” (Después del ensayo) es un pequeño telefilme rodado por Ingmar Bergman en 1984 sobre un director de teatro y su relación con dos actrices: la joven protagonista de su nueva obra y el reencuentro con la madre de esta y antigua amante suya. Como suele suceder en Bergman, es un triángulo existencial-amoroso que retrata con extraordinaria profundidad los límites de la creación y las fuerzas ocultas que determinan la conducta humana.
“Persona” es un filme de 1966 en que Bergman sitúa a una actriz que ha perdido la voz y es acompañada por su enfermera en una lejana isla para su recuperación, quien para intentar que vuelva a hablar, le narra su vida y comienza a apropiarse de su personalidad. Ambas obras son piezas que hablan desde y sobre el teatro, y giran obsesivamente sobre los límites entre la realidad y la representación. 
En un giro audaz, el aclamado director belga Ivo Van Hove construye un díptico con ambos filmes y los presenta como dos actos de una historia casi unitaria. Decimos “casi” porque si bien ambas tienen puntos en común, el director hace dos puestas en escena casi opuestas pese a la evidente continuidad de ambas.
Van Hove está fascinado desde siempre con el cine y su artesanía como correlato de las pulsiones intensas que se fraguan desde lo actoral, como lo expuso en forma brillante en “Opening night”, adaptada del filme homónimo de John Cassavettes y presentada en Santiago a Mil 2014. En “After the rehearsal”, la oficina/sala de ensayos del director Henrik Vogler acoge a la joven Anna, quien protagonizará “El sueño”, texto de August Strindberg que dirigirá Vogler. Anna es hija de su mejor amigo, quien se casó con Rachel, la actriz de sus anteriores montajes. Bella y joven, Anna despierta la pasión en el director tal como lo fue en su momento Rachel, quien se convirtió en su amante. Justamente es su recuerdo persigue a Vogler tal como la imposibilidad de separar al teatro de la realidad.
Lo interesante de Van Hove es que sitúa esta intriga en la sala de ensayo como un laboratorio de personajes que no pueden escapar de las ficciones que han construido. Vogler dice que cada mueble de la habitación corresponde a montajes anteriores por lo que la idea profundamente bergmaniana del director como demiurgo y marionetista no sólo de las ficciones sino que de las vidas de sus actrices, cobra pleno sentido. 
Anna recuerda a su madre como alguien incapaz de dejar de actuar, quien se refugiaba en sus personajes al no poder comprender la realidad. A través de un paralelismo temporal Rachel entra a escena como un huracán de emociones: acosa sexualmente a Vogler y le reclama humillada de que en “El sueño” solo le dio un personaje con dos líneas. Su sexualidad es avasallante y violenta y Van Hove maneja de manera brillante los desbordes de sus personajes, expuestos descarnadamente entre la búsqueda de aceptación y las relaciones de poder. “Si no me quieres para nada serio, ¿por qué no me haces una comedia?”, le espeta Rachel pero Vogler está más interesado en diseñar a su nueva Pygmalión, Anna. 
Tal como en “Opening night”, Van Hove sitúa la historia en un espacio en transformación. Una especie de work in progress que provoca una inestabilidad total a sus personajes, con el uso de la cámara y el recurso audiovisual para exponerlos de manera descarnada, reflejando toda su vulnerabilidad. La extraordinaria potencia dramática de los actores hace resonar otros temas, como el paso del tiempo y la búsqueda de la pureza actoral, esa idea casi fatalista de encontrar en la ficción las respuestas que no se encuentran en la realidad.

“No puedo vivir con mentiras. La vida se torna irreal, pierdo el equilibrio”

La intensidad arrebatadora e íntima de “After the rehearsal” da paso al segundo acto, donde el director belga recompone el escenario en un espacio minimalista y de grandes dimensiones, donde la famosa actriz Elizabeth Vogler (las conexiones están a la vista) se ha quedado repentinamente muda en medio de una función de Electra. La actriz yace desnuda en una camilla, en una especia de estado de shock del que se hace cargo su enfermera, Alma, una joven que la admira y quien luego la lleva a una cabaña en un lago remoto para intentar su recuperación. Los mismos tres actores interpretan a los personajes, completando la conexión con la obra anterior y generando cruces respecto a esa deliberada ambigüedad entre ficción y realidad.
En el filme de Bergman, el duelo actoral de alta intensidad entre Bibi Andersson y Liv Ullman se narraba en primeros planos y una atmósfera de cerrado sicologismo. Luego del inicio en el hospital siquiátrico, Von Hove y su diseñador Jan Versweyveld dejan caer las tres paredes para dar paso a una espectacular plataforma de agua que rodea el piso de la cabaña. Impactante y de complejidad técnica asombrosa, el dispositivo de Van Hove es tan intimidante que corre el riesgo de desviar la atención sobre esta historia de pérdida, horror y vampirismo entre Elizabeth y Alma. 
Si en “After the rehearsal” lo que parecía subyacer es la incapacidad de enfrentar los miedos más allá del escenario, ya sean las pasiones, amores y circunstancias reales, en “Persona” es un alegato por el horror de existir para los demás (los espectadores) sin la protección de la armadura del personaje o la ficción. El abismo que hay entre lo que los demás ven de la actriz y cómo ella misma se percibe, genera esa mudez con que Elizabeth ha decidido enfrentar al mundo. 

Alma es la conexión con esa realidad, y a través de las historias de su vida va generando un proceso de apropiación de Elizabeth. Ella la escucha y cada vez presta más atención a esta joven simple, de objetivos cotidianos como casarse y tener hijos. Van Hove se esfuerza en integrar la naturaleza en el relato, por ello el agua y la lluvia intervienen permanentemente haciendo quizás demasiada ineludible su presencia. El punto culmine es la bellísima escena de la aventura sexual de juventud que Alma le narra a la actriz, una orgía en una playa un día en que su prometido estaba fuera. La capacidad de la actriz de evocar las imágenes de ese episodio es extraordinaria y la historia completa se resume en el dolor de Alma por haber dejado de ser ella en este relato. ¿Qué pasa con todo aquello en lo que creemos? ¿No deberíamos respetarlo? ¿Es posible que no seamos siempre la misma persona? 
Sin profundizar en las implicancias sicoanalíticas que ofrece el filme de Bergman, Van Hove se centra en la expresividad y corporalidad de sus excelentes actrices para dotar de una ambigüedad manifiesta este deambular entre la identidad y la apariencia o entre la realidad y la ficción que construimos frente a los demás. El escenario se convierte así en un elemento simbólico, el agua y la desnudez escenográfica parece una proyección mental de estas dos mujeres conectadas por una relación progresivamente más inquietante y perversa. 
Quizás la grandilocuencia de la plataforma de agua es demasiada omnipresente para esta historia de almas en conflicto con su propio ser. Queda por sobre todo la intensidad telúrica de los actores y el talento extraordinario de Van Hove para indagar una vez más en el misterio de la actuación como una tempestad del alma.
After the rehearsal/Persona
Teatro Municipal de Las Condes
Santiago a Mil
País Holanda


Duración 2 horas 50 minutos, con intermedio incluido
Idioma: Holandés, con subtítulos en español
Edad Recomendad: +14 años
Dirección: Ivo Van Hove



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